Literatura en Red

El blog de literatura del Instituto Cervantes

Regreso a… “El vuelo de la celebración”

Posted by culturacervantes en 15 octubre 2009

Claudio Rodríguez nace en Zamora en 1934.  Se licencia en Filología Romántica enla Universidad de Madrid pero más tarde fue lector de español en las Universidades de Nottingham y Cambridge entre 1958 y 1964. Esta circunstancia le permitió conocer a los románticos ingleses y a Dylan Thomas quien fue fundamental en su formación como poeta.
Antes de cumplir los veinte años, en 1953, obtuvo el premio «Adonais» por su famoso “Don de la ebriedad”, al que siguieron luego el premio «Nacional de la Crítica», el «Nacional de Literatura», el «Premio Nacional de Poesía»o el «Príncipe Asturias de las Letras». En 1987 fue elegido miembro de número de la Real Academia Española de la Lengua para ocupar el sillón I, sustituyendo a Gerardo Diego.

El Instituto Cervantes de Atenas quiso realizar un homenaje al poeta el pasado 21 de septiembre. En éste participaron los poetas Tomás Sánchez Santiago y Juan Manuel Rodríguez Tobal, así como la traductora de Claudio Rodríguez al griego, Efi Yanopolu.  Reproducimos aquí el último poema amoroso de su libro de 1976, “El vuelo de la celebración”.

Sin Adiós

Qué distinto el amor es junto al mar
que en mi tierra nativa, cautiva, a la que siempre
cantaré,
a la orilla del temple de sus ríos,
con su inocencia y su clarividencia,
con esa compañía que estremece,
viendo caer la verdadera lágrima
del cielo
cuando la noche es larga
y el alba es clara.

Nunca sé por qué siento
compañero a mi cuerpo, que es augurio y refugio.
Y ahora, frente al mar,
qué urdimbre la del trigo,
la del oleaje,
qué hilatura, qué plena cosecha
encajan, sueldan, curvan
mi amor.

El movimiento curvo de las olas,
por la mañana,
tan distinto al nocturno,
tan semejante al de los sembrados,
se va entrando en
el rumor misterioso de tu cuerpo,
hoy que hay mareas vivas
y el amor está gris perla, casi mate,
como el color del álamo en octubre.

El soñar es sencillo, pero no el contemplar.
Y ahora, al amanecer, cuando conviene
saber y obrar,
cómo suena contigo esta desnuda costa.

Cuando el amor y el mar
son una sola marejada, sin que el viento nordeste
pueda romper este recogimiento,
esta semilla sobrecogedora,
esta tierra, este agua
aquí, en el puerto,
donde ya no hay adiós, sino ancla pura.

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