Literatura en Red

El blog de literatura del Instituto Cervantes

El niño cazador de Ana María Matute

Posted by culturacervantes en 2 octubre 2009

Ana María Matute, una de las más destacadas novelistas españolas, nació en Barcelona en 1926. Es miembro de la  Real Academia Española, donde ocupa el asiento K y es también profesora invitada en las universidades de Oklahoma, Indiana y Virginia. Estará en la Semana de las Letras de Dublín del 5 al 7 de noviembre.

En sus novelas, Matute incorpora técnicas literarias asociadas con la novela modernista o surrealista aunque es considerada una escritora esencialmente realista.

Transcribimos aquí un fragmento del libro Los niños tontos. Un libro sobre la infancia, la época más importante de la vida de cualquiera, la más rica en experiencias, descubrimientos y sensaciones.  Las veintiuna historias brevísimas que contiene este libro son como las vidas brevísimas de estos veintiún niños y niñas que nunca crecieron y que se quedaron para toda la eternidad con esas caras y esos cuerpos estrenados en la infancia… Reproducimos aquí uno de ellos:  “El niño del cazador”.

EL NIÑO DEL CAZADOR


“El niño del cazador iba todos los días a la montaña, detrás de su padre, con el zurrón y el pan. A la noche volvían, con cinturones de palomas y liebres, con las piernas salpicadas de gotitas rojas, que, poco a poco, se volvían negras. El niño del cazador esperaba en el chozo de ramas, oía los tiros y los contaba en voz baja. A la noche, tropezando con las piedras, sentía los picos de las palomas, de las perdices y las codornices, de los tordos, martilleando sus rodillas. El niño del cazador soñaba hasta el alba en cacerías con escopetas y con perros. Una noche de gran luna, el niño del cazador robó la escopeta y se fue en busca de los árboles, camino arriba. El niño cazó todas las estrellas de la noche, las alondras blancas, las liebres azules, las palomas verdes, las hojas doradas y el viento puntiagudo. Cazó el miedo, el frío, la oscuridad. Cuando le bajaron, en la aurora, la madre vio que el rocío de la madrugada, vuelto rojo como vino, salpicaba las rodillas blancas del tonto niño cazador.”

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