Literatura en Red

El blog de literatura del Instituto Cervantes

Jordi Sierra i Fabra en Praga

Posted by culturacervantes en 28 septiembre 2009

Jordi Sierra i Fabra, autor de literatura para niños y jóvenes, visita el Instituto Cervantes de Praga , dentro del programa “Lobos y dragones”, el 10 de noviembre para hablar de su extensa y conocida obra. Este prolífico escritor (ha publicado unos 300 títulos) cultiva todos los géneros: ciencia ficción, novela negra, poesía, ensayo, literatura infantil y juvenil, biografías e historia de la música.

Reproducimos un fragmento de una de sus obras, “Kafka y la muñeca viajera”, por la que el autor barcelonés ha conseguido el Premio Nacional de Literatura Infantil.  Se cuenta que al final de su vida, Kafka se encontró con una niña, en un parque cerca de su casa, que lloraba desconsolada porque había perdido su muñeca. El adusto escritor, conmocionado al ver a la pequeña, le explicó que su muñeca no se había perdido, que en realidad se había ido de viaje. Y así, comenzó a escribir las cartas que la muñeca enviaba desde sus lejanos destinos y entregándoselas puntualmente a aquella niña. Kafka murió muy poco después de tuberculosis y nunca se pudieron encontrar esas cartas ni a la pequeña que las recibía, pero siempre quedó ahí como una de las más mágicas y hermosas anécdotas de la literatura…

Frank Kafka subió a pie hasta su piso. No tuvo que abrir con su llave porque Dora se asomó nada más escuchar el ruido de sus pasos. Lo recibió con la dulzura de una sonrisa y el afecto de sus brazos abiertos.
– Me pareció haberte oído hablar con alguien.
– Con la señora Hermann, sí.
– Qué sociable.
– Quería…-¿le contaba que su alto en el camino había sido para examinar una muñeca?
Después. Ahora lo único que de verdad deseaba era encerrarse en su estudio y comenzar aquella singular carta.
La más difícil de su vida.
Frank Kafka la besó en la comisura del labio. Las explicaciones podían resultar muy complicadas, y Dora tal vez se riese, o le creyese un loco samaritano de niñas que perdían muñecas en los parques de Berlín. Prefería tomarse su tiempo para cada cosa. Y aquel era el tiempo de cumplir con su ansiedad.
[…]Comprendió que eso bastaba. Era hombre de fiebres y arrebatos. Ella lo sabía de sobra.

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